Sentimientos de puerpera

El postparto, ese gran desconocido para la mayoría de mujeres hasta que nos vemos inmersas de pleno en él. ¿Por qué no se habla más del tema?

No tengo muy claro por qué el puerperio se considera un tema tabú, pero estoy convencida de que muchas depresiones y baby blues no llegarían a hacer acto de presencia si tuviésemos claro con lo que nos podemos encontrar. Imagino que no se cuenta  más por no asustar a las futuras mamás, pero soy de la opinión de que la información es poder. Así que hoy te voy a contar cómo me estoy sintiendo yo en estas primeras semanas como madre.

Postparto, ¿Cómo me siento?

En unos años me gustaría darle un hermanito a Miss L y pensándolo, el postparto es lo que más «miedo» me da tener que volver a pasar.

El embarazo, salvo algunos achaques, fue estupendo y las pataditas y las ganas de ver a mi bebé hacen que lo sobrellevase muy bien. El parto, al principio da miedo, una vez estas inmersa en el momento te acuerdas de la bendita hora en que decidiste que querías un bebé, pero después las hormonas hacen su labor y prácticamente te olvidas de él. En mi caso además, tengo serias lagunas hasta el momento epidural. Después de la analgesia recuerdo prácticamente todo, pero de los momentos anteriores apenas tengo recuerdos. Te lo contaba aquí

Sin embargo, las semanas siguientes fueron tan… ¿horribles? que haría cualquier cosa por no tener que pasar por ello otra vez.
El cuerpo es sabio, de ser una embarazada estupenda con miedo al parto, pasas a desearlo con todas tus fuerzas porque estas hasta las narices del peso, los tobillos hinchados, los sofocos, el no saber cómo colocarte para dormir… Y llega el día y la criatura ha nacido y piensas «pues ya está, soy mamá» y te imaginas a ti misma como las famosas que presentan a sus bebés en las revistas. Con un cuerpazo pre-embarazo y un bebé sonrosado durmiendo plácidamente en tus brazos. Y de repente, te chocas con la realidad.

Pero, ¿esto es el postparto?

Para empezar tienes una barriga de embarazada de seis meses. Vacía y flácida, pero abultada. No tienes muy claro cuando desaparecerá o sí lo hará. ¿no tendría que haber desaparecido? Pues no, por lo visto no, pero nadie te lo dijo y tú metiste unos pantalones cómodos -algo más grandes de tu talla habitual que tampoco eres tan ilusa- que por supuesto no te entran. Así que volverás a casa con los mismos pantalones con los que entraste o te tocará pedir a alguien que te traiga algo de ropa.
Pero no solo tienes una barriga abultada y unos pechos rebosantes, duros y calientes que gotean sin parar. Además tienes un bebé. TU BEBÉ, que no para de llorar ante tu cara de no saber muy bien qué hacer y tu impotencia porque además de estar agotada no consigues calmarlo en tus brazos.
Te apetece estar sola con tu bebé (por ahí hablan de que lo natural en nuestra especie es pasar el puerperio en un lugar tranquilo, retirado del mundo), pero de repente te encuentras con que el teléfono no para de sonar, el correo electrónico se ha saturado y tienes 30 visitas en una tarde (y ojo, que el número no lo he puesto al azar…). Tu estás pero no estás y tu bebé poco a poco se va poniendo nervioso. Nervioso hasta el punto de que no para de llorar a pleno pulmón en toda la noche -la segunda es la peor- y que ni siquiera las matronas consiguen calmarlo ni con sacarosa. Por fin se calma, y tu respiras. Intentas dormir pero no puedes. A las malas tienes un sin fin de matronas dispuestas a echar una mano con tus mil y una dudas de primeriza.
Gracias a Dios el bebé se se engancha bien al pecho desde el primer momento, una preocupación menos. Comer come, pero cada vez que lo hace tu aprietas los puños, los dientes y todo lo apretable gracias a un fantástico combo de grietas+perla de leche que cada dos por tres empiezan a sangrar (y eh, aquí el inicio de mi mastitis) y te hace ver las estrellas.
Llega el día del alta y piensas, vale, voy a casa, ahí estaremos más tranquilos. Y justo en el momento en que pones un pie en tu hogar te das cuenta de que esto no ha hecho más que empezar y que casi estabas mejor en el hospital. Por lo menos allí estaban las matronas, aquí estáis solos ante el «peligro». Y de repente te entran ganas de llorar. Y no lloras de emoción, lloras porque estas hormonal, agotada, no puedes ni sentarte gracias a los puntos. Lloras de estrés, de rabia, de angustia, de alegría, de… En realidad no sabes por qué lloras. Puede que incluso llores y rías al mismo tiempo. Y puede que hasta pienses si fue buena idea «ir a por el bebé» porque no tiene ni una semana y sólo quieres que se duerma, porque si duerme ni come ni llora y tú y tus pechos no podéis más.
Y entonces llega tu madre, suegra, cuñada, amiga… y te dicen que no te preocupes, que es normal. Que les ha pasado a todas, pero tu sólo lloras con más ganas porque no te lo crees. ¿Cómo va a ser eso lo normal? Si deberías estar feliz como una perdiz con tu bebé. Y si de verdad es lo normal, ¿por qué nadie te lo ha avisado antes? Si lo hubieran hecho estarías prevenida y no te sentirías una madre tan horrible por tener esos pensamientos.
Tu pareja te mira sin saber qué hacer. ¿Se acerca o es mejor que mantenga las distancias? Te abraza e intenta consolarte, pero no lo consigue, igual que no lo han conseguido todas las mujeres de la familia antes que él.
Y las visitas siguen llegando y lo harán durante casi todo un mes. Aunque hayas conseguido organizar a todo el mundo antes del parto, ahora no lo ves tan claro. Sólo quieres estar sola y odias a todo el mundo. A las visitas, a tu pareja, puede que sientas que odias hasta al bebé y entonces aún te odias más a ti misma. Y entonces, ves al recién estrenado papá «haciendo migas» con el nuevo inquilin@ y en vez de morirte de ternura, te mueres de celos porque no eres capaz de hacer lo mismo que hace él, y, esa persona que sonríe embelesada al bebé, que lo acuna, lo besa y le habla en susurros deberías ser tú, pero tú no tienes fuerzas.

Te sientes sucia (literalmente, con un bebé de días en casa no sacas tiempo para nada, y si lo sacas dormir es más importante que una ducha), gorda, inútil, sola. Probablemente es el momento de tu vida en el que más apoyada estés por los que te rodean, pero no lo ves. Sientes que te han abandonado a la buena de Dios con un bebé en los brazos y que tu bebé te odia. Y tus pechos cada vez están más llenos y más doloridos y el bebé no los suelta, pasa horas enganchado y si lo sueltas llora y de nuevo a empezar. Te sientes más sola que nunca mirando a un bebé que aún no reconoces como tuyo y rompes a llorar de nuevo. Es una soledad difícil porque sabes que deberías estar alegre y sin embargo no puedes evitar sentirte como te sientes. Estas triste y no puedes dejar de llorar. Te entran ganas de desaparecer y aún te sientes más mala madre porque piensas que tu bebé no merece una mamá así. Qué merece (y necesita) una mamá contenta y aún lloras más. Y lo peor es que tu bebé parece que notara tu tristeza y cuanto más lloras, más lo hace él también.

Hasta que llega un día, antes o después, que todo pasa. Pero aunque pase te acuerdas de todo lo pasado, miras atrás y no te lo crees y sientes que ya no eres la que eras. En realidad, no lo eres, ahora eres MAMÁ. Y sólo necesitabas un periodo de transición, de estar a solas con tu bebé, de disfrutar de él, de mirarle cada milímetro de su cuerpecito, de olerlo, de achucharlo. Y te das cuenta de que desde el momento en que llegó a tu vida le querías más que a tu vida misma, pero no te dabas cuenta. Incluso llegas a preguntarte cómo has podido vivir sin él hasta ese instante. Es ese sentimiento que solo los padres y madres pueden entender. Pero para llegar a eso hay que pasar por la cuarentena y todo lo que conlleva. Son nueve meses de cambios y «sólo» cuarenta días de adaptación, cuarenta días para que tu cuerpo se parezca lo máximo posible al que era cuando viste el positivo. y eso, queridas, son muchas hormonas.

Así que, si estás pasando por toda esa revolución hormonal en estos momentos quiero decirte que todo pasará, que llores, que grites, que hables, pidas abrazos, que te desahogues… que no te sientan mal cuando estés tristes o creas que no quieren a su bebé. Cuando pienses que no lo estas haciendo bien y no eres una buena mamá porque deberías estar dando saltos de alegría. Quiero decirte que es normal  y que nos pasa a casi todas las mujeres. También quiero decirte que no pasa nada por pedir ayuda. Ayuda para recuperarte durante los primeros días, ayuda para que la casa parezca habitable y haya comida caliente mientras tú te ocupas de tú bebé, ayuda si ves que la tristeza se alarga y empieza a ser un problema de verdad. Edito: Después de haber pasado por tres postpartos, puedo decirte que para mí el peor fue el primero. En parte pudo ser por la mastitis que me acompañó desde la primera semana, en parte porque mi hija es una niña de alta demanda y sobre todo porque convertirse en mamá por primera vez es un cambio muy grande en nuestra vida.

Y a todas esas personas que forman parte de la vida de la nueva mamá, que la escuchen, que no la juzguen, le den abrazos y mimos, le echen una mano con la casa y la comida aunque no lo pida (y quiera hacer ver que ella puede con todo) y con el bebé sólo si ella lo pide. Y todo eso con la mayor ternura del mundo, aunque esté de mal humor y ponga pegas a todo, porque lo necesita, aunque ella aún no lo sepa.

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0 comentarios en “Sentimientos de puerpera”

  1. serhumanoenpracticas

    Muchas gracias!! Me siento cien por cien reflejada. Te lo agradezco porque echo en falta tanta honestidad, abunda la presión hacia la imagen de ser una mujer que se siente segura como madre en todo momento, de fluir todo a la perfección desde el principio y casi parece que si hay emociones encontradas, emociones y pensamientos absolutamente naturales (pero que solo con auto-honestidad pueden ser identificados conscientemente primero y expresados hacia afuera después), eso significa que el amor hacia nuestro hijo fuera menor (lo cual dista muchísimo de la realidad) o somos malas madres, etc., llevando a la culpa. Puede que esta entrada no ahorre a nadie el vivir su propio proceso de puerperio, pero seguramente sí parte de la culpa asociada al conflicto entre lo que parece que \»debería ser\» y lo que realmente como seres humanos es. Gracias de nuevo!!!

  2. Uff pobrecita, la verdad es que yo no he pasado por todo eso… He tenido un puerperio maravilloso, con un bebé que es una santa. Lo único que me hizo llorar y fueron las hormonas aumentando la sensación de impotencia era que no se enganchaba bien y tardaba en salir la leche con lo que la peque se desesperaba y tuvimos que darle un par de biberones. Mi madre me estresaba bastante pero a parte de eso nada… Se que es una suerte haber tenido un puerperio así… Me sentía súper feliz, con algún miedo pero feliz. Quizás en lo que peor me he sentido y que me hace dudar de sí repetir o no es el parto. Mi parto no me gustó, y me siento como si me hubiera perdido algo importante… En fin, que curiosas son las diferentes experiencias y vivencias verdad??

  3. a ver, que yo no quiero asustar a nadie… Pero quería transmitir que en la cuarentena se tienen sentimientos muchas veces contradictorios que nos hacen sentirnos mal por el mero hecho de sentirlos, pero que son totalmente normales :)No te asustes!! que luego miras a tu pequeñín y se te olvida todo 😉

  4. ¡Qué pánico me ha entrado al leerte! Lo del exceso de visitas y la falta de sueño es lo que más temo de todo el proceso para convertirme en madre primeriza, y tras leer tu experiencia ¡compruebo que puede llegar a ser mucho peor de lo que me imaginaba! Ojalá pudiese llevarlo mejor que tú, pero por si acaso, que conste que ya voy avisada de tu parte para que el trauma no me pille por sorpresa.

  5. Gracias por escribir esta entrada, me siento tan identificada con tantas cosas… Creo que nadie que no haya pasado por esto será capaz de comprenderlo y explicarlo. En ello estamos, je je. Un saludo

  6. ¿Por qué no lo escribiste antes?!!!!!!! así yo no me habría sentido tan bicho raro, habría sabido que lo que sentía (y siento, que el bebé aún tiene 18 días) era normal…aunque ahora me quedo algo más tranquila. Y suscribo lo que dices…¿por qué nadie te avisa de esto?

  7. Mamá Pichón [Aún eres joven Blog]

    Si soy un desastre, que yo tampoco encuentro tu correo jajajaja.Pues mira en las pestañas superiores de la página puse un apartado de contacta 😀

  8. NO lo he visto!! porque que sepas que tengo la respuesta escrita en un word lista para copy paste y enviartela ;)dónde está? Si la cosa es que debo de tener tu correo del sorteo, pero no lo encuentro tampoco :S

  9. A ver, tampoco fue tan horrible visto desde la distancia 🙂 pero en ese momento estas tan agotada, hormonal y te sientes tan novata que se te cae el mundo encima (en mayor o menor medida) y eso es lo que quería transmitir como normal. Cómo en todo, hay excepciones :)También es verdad que en mi caso se \»agravó\» porque me pasé un par de semanas con fiebre y escalofrios, lo que me hacía sentir que no podía encargarme de mi bebé y me ponía más tristona. Pero lo dicho que es todo normal, pasajero y que visto en la distancia hasta te hace gracia, pero en ese momento lo ves todo taaaaan negro.A la próxima ya estaré prevenida 😉

  10. Ohhhh siento que tu puerperio fuera asi…. pero como bien dices todo pasa,… el mio fue feliz! Fui una puerpera plena de dicha, si la situacion lo permite algun dia me gustaria volver a tener otro hijo y pasar de nuevo por esos meses que para mi fueron tan bonitos, fue duro en ocasiones, pero lo bueno peso mucho mas. Un besote

  11. Mamá Pichón [Aún eres joven Blog]

    Al borde de la lágrima me tienes guapa. Ya tenía asimilado que pasaría por ese momento pero… bufff…. espero llevarlo mejor. Por cierto puse un apartado para enviarme correos por lo de la entrada de los trastos que quería comprar, si un día te ves animada me cuentas que me dejaste en ascuas!

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