Razones para no amenazar a los niños sin regalos en Navidad

regalo sorpresa por navidad

A dos semanas de Nochebuena el que aún no se había hecho a la idea empezará a ser consciente de que estas Navidades van a ser un tanto diferentes. Sin reuniones familiares, comidas de empresa ni aglomeraciones. Sin embargo, hay cosas que aunque deberían nunca cambian, como amenazar a los niños sin regalos en Navidad con frases como: «Si te portas mal, los Reyes no te traerán regalos», «¡Pórtate bien! Los Reyes te están viendo» o «Si no te portas bien los Reyes Magos te traerán carbón».

Quién dice los Reyes Magos dice Papá Noel, el Tió Nadal, el Olentzero o cualquiera de los seres mágicos que traen regalos en Navidad a los niños. ¡Seguro que tú también las has escuchado en tu infancia!

Reconozco que estas frases son tentadoras. Un recurso rápido y sencillo para que los niños nos hagan caso sin protestar. Al menos a corto plazo. Sin embargo, esas frases «de toda la vida» no solo no son efectivas para conseguir que los niños cambien su actitud a medio y largo plazo, sino que pueden ser contraproducentes.

¿Por qué no amenazar a los niños sin regalos de Navidad?

No debemos amenazar a los niños con que no recibirán regalos en Navidad por varios motivos. Aquí tienes unos cuantos:

  • Lo primero de todo no debemos chantajear a los niños -ni a nadie- porque no es justo
  • Si lo hacemos estamos condicionando el amor que reciben por su comportamiento, negándoles la oportunidad de sentirse valiosos por ser ellos mismos y no por sus actos.
  • Las amenazas siempre hacen daño a la autoestima
  • Los obsequios no deberían ser el motivo por el que elegimos hacer las cosas bien
  • Los peques solo se portarán bien por miedo o para recibir la recompensa
  • Es posible que se continúe portando mal, pero aprenderá a esconderse e incluso a mentir para evitar el castigo.
  • Sabes que no lo vas a cumplir. Al final siempre le acabarán regalando algo y eso hace que pierdas tu credibilidad
  • Porque fomenta el consumismo ya que aprenderá a medir su felicidad por la cantidad de objetos materiales que recibe olvidando otros valores importantes de la Navidad.
  • Porque nos guste o no, los niños no pueden evitar compararse con sus iguales. Esto hace que puedan sentirse avergonzados e incluso inferiores a ellos cuando han recibido menos regalos al no saber que la cantidad o su valor en realidad no depende de ellos ni de su comportamiento.
  • Provoca frustración en toda la familia. En los niños al considerar «injusto» que otros niños que «se han portado peor» reciban más juguetes y en vosotros al sentir que no valoran lo que tienen.
  • Además, si un año, por lo que sea, recibe menos regalos interpretará que es un niño malo y se ha portado mal. Puede sentirse como «no merecedor» e incluso creerse la etiqueta y actuar en consecuencia en vez de esforzarse por mejorar.
  • Amenazar a los niños con que no le traerán juguetes en Navidad es elegir el modo fácil. Es sencillo caer en la manipulación y utilizar estas frases cuando nos interesa y no cuando realmente hay algo que deberíamos corregir. Además, al hacerlo estamos reconociendo nuestra incapacidad al delegar nuestra responsabilidad de educar en los Reyes Magos que deberían únicamente simbolizar la ilusión.
  • Tarde o temprano sabrán la verdad de los Reyes Magos y no es igual pensar que fue una mentira piadosa para mantener una tradición que crea ilusión y magia, que pensar que el fin era conseguir que hiciésemos lo que querían.

¿Entonces qué podemos hacer?

Aunque se haya hecho toda la vida, podemos ahorrarnos las frases de marras y apostar por educar a nuestros hijos durante todo el año desde el prisma del respeto mutuo y la comunicación. De verdad que es posible pasar unas Navidades felices sin chantajes ni amenazas. Como mamá de tres sé que es muy fácil decirlo y muy complicado hacerlo, pero «Roma no se hizo en un día».

Lo primero es pararnos a pensar: ¿Qué es ser malo? ¿Realmente quiero que obedezca sin cuestionarse lo que le piden? ¿Tiene capacidad para hacer lo que le estoy pidiendo? La mayoría de las veces nos daremos cuenta de que el problema lo tenemos nosotros, no los niños. Por eso, obtendremos mejores resultados si bajamos el ritmo y les acompañamos mientras les damos la posibilidad de hacer y decidir por ellos mismos. Al final se trata de que aprendan a vivir en sociedad y de que hagan lo que hacen porque lo consideran correcto y por satisfacción personal, no porque les estén observando, por lo que vayan a pensar o decir de ellos o por los premios que puedan conseguir.

Debemos tener mucha paciencia y empatía. Ponernos en sus zapatos: ¿Qué es lo que me hubiera gustado ver en mis padres cuando yo era niña? Y sobre todo, recordar una frase que me encanta: ¿No te escucha? No te preocupes, te está mirando.

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