Crónica de mi parto (punto de vista del papá)

papá con bebé

Después de contarte como fue mi primer parto (aquí tienes la  parte I y parte II) le pedí a Marido que pusiese por escrito sus sensaciones y sentimientos del día que nació Miss L. Al principio se mostró un poco reacio porque era la primera vez que escribía en el blog, pero le pareció una idea preciosa y finalmente se animó.

El texto que comparto hoy aquí contigo ha sido el resultado

Crónica de mi parto: Punto de vista del papá

Es difícil determinar cuando se desencadenó el parto. Nosotros los padres vivimos todo el embarazo por vuestras sensaciones, pero digamos que para mi comenzó con las «contracciones molestas».

Durante las últimas semanas había tenido contracciones que según ella «no dolían» o al menos no eran tan molestas como algunas de sus reglas. No es que estas últimas fueran muy diferentes, pero parecían más regulares y por ahora era lo único que podía hacernos pensar que pudieran ser de parto. Mentiría si te dijera que no estaba preocupado. Su madre había tenido sus dos partos muy rápidos (menos de 3 horas) y como el dolor es subjetivo, tenía miedo de que realmente estuviera de parto, no fuese consciente y se complicaran las cosas.

Después de un par de visitas al hospital pensando que podía estar de parto porque las contracciones comenzaban a ser dolorosas, regulares y no cesaban (lo que nos dicen a todos en las clases prenatales) finalmente se produjo la rotura de la bolsa. Nos pilló en casa, siete de la mañana, muy cansados por la noche tan agitada que habíamos tenido. Acababa de enviar un mensaje al trabajo para pedir el día (en esas circunstancias no iba a dejar a mi mujer sola) y de repente la vi saltar del sofá donde estaba tumbada a mi lado.

Ante mi cara de sorpresa me dijo que se había roto la bolsa. Después de preguntarle si estaba segura, me dijo que sí, que había notado como si se explotara un globo dentro y que caía agua. Tras pasar por el aseo también me dijo que parecía que las aguas estaban teñidas, así que debíamos volver al hospital. De camino se lo volví a preguntar, porque veía que nos mandaban de nuevo a casa. Al llegar, después de las oportunas comprobaciones nos dijeron que efectivamente se había roto la bolsa pero que las aguas no parecían teñidas y que nos asignaban una habitación.

Durante la dilatación, lo único que sentía era impotencia. No es fácil tener al lado a quien más quieres sufriendo y no poder hacer nada. Recuerdo perfectamente como se doblaba y temblaba, como se apoyaba en mí, como utilizaba la pelota de pilates o como se daba duchas de agua caliente y nada le calmaba. Las contracciones eran más regulares y próximas, más agotadoras para ella y se lo comunicamos a las enfermeras que la trasladaron al paritorio para que terminara de dilatar.

Allí, las cosas seguían igual. Nos dijeron que no había dilatado prácticamente nada después de 30 horas de contracciones y mi mujer estaba agotada psicológicamente. Ella siempre se había imaginada dando a luz en el agua, de forma natural, y ahora se debatía en si pedir la epidural o no. Le pregunté si se veía capaz de aguantar más horas así. Me respondió que así no, así que le dije que no lo pensara más y la pidiera. Realmente me sentía muy orgulloso de lo valiente que había sido, de que hubiera llegado a su límite y hubiera sabido replantearse sus decisiones de una forma racional a pesar del dolor.

Junto con la anestesia le inyectaron también buscapina como relajante muscular porque tenía el cuerpo tan tenso por el esfuerzo que las contracciones que estaba teniendo no conseguían dilatación. Hasta aquí se me pasó en el tiempo volando, desde ese momento se me hizo muy pesado, el tiempo pasó muy lento. Ella ahora estaba relajada y yo cansado por todo la tensión acumulada. A la hora, más o menos, le pusieron oxitocina porque la epidural había parado todo y, después de varias horas, finalmente llegó el momento de empujar.

Como durante todo el parto, tomó las riendas y les dijo a las matronas que prefería empujar de lado, y vaya que si lo hizo porque nos dijeron que esa fase solía durar 3 o 4 horas en las primerizas con epidural, pero ella en una lo hizo y porque las contracciones estaban empezado a separarse de nuevo. Fue extraño ver como iba asomando la cabeza, como avanzaba y retrocedía como olas, pero al fin salió Miss L. No había terminado de salir y demostró su carácter. Su llanto hizo que la doctora que vino a examinar si la peque estaba bien -porque finalmente la aguas sí estaban teñidas- saliera del paritorio antes de que terminase de nacer.

La primera vez que la vi no me lo podía creer. Me la había imaginado de muchas formas pero no así. Tenía el corazón en un puño porque no paró de llorar durante los 65 minutos que tardó en engancharse al pecho y mamar.

Cuando el cordón dejó de latir, lo corté. Seguía en trance y a fecha de hoy aún sigo así. Ellas seguro que han olvidado parcialmente lo que pasó, porque el cuerpo mediante hormonas lo «borra» pero yo lo recuerdo todo perfectamente. Y qué quieres que te diga, que estoy muy orgulloso de ellas.

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0 comentarios en “Crónica de mi parto (punto de vista del papá)”

  1. ¡Es hermoso! No me puedo imaginar los nervios y la tensión por la que ellos pasan, pero este relato lo pone todo de manifiesto y es emocionante y tierno.Me he quedado sin palabras.

  2. ¡me alegro de que el papá se haya atrevido a contar su experiencia! Porque la verdad es que las opiniones masculinas suelen escasear por los blogs y al menos a mí me gustan también saber cómo vive esta experiencia la otra parte interesada.

  3. Mamá Pichón [Aún eres joven Blog]

    Que bonitas palabras y qué bonita la experiencia desde el punto de vista del papá. Me ha encantado, sin duda alguna, una de las mejores entradas (junto con tu propio relato del parto) que has publicado ultimamente!

  4. Aquí estoy con las lagrimillas a todo correr, ¡vaya preciosidad de relato! Desde luego, creo que es la primera vez que leo el relato de un parto desde la visión del padre. Felicitaciones a los 3 por estar ya juntitos. Besos

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