Tercer parto: ¿Cómo fue el nacimiento de mi tercer bebé?

17.6.20 / No hay comentarios

En el post anterior te contaba como fue el inicio de mi tercer parto desde que comenzaron los pródromos hasta que llegué a la puerta del hospital. Hoy te voy a contar el desenlace y cómo en apenas unas horas me convertí en trimadre, me volví a enamorar y sentí que, al fin, mi familia estaba completa.

Historias de partos: Cómo fue mi tercer parto



¿Cómo fue mi tercer parto? El desenlace

Tercer parto: La llegada a urgencias

Salí del coche como pude y expliqué en admisión que era mi tercer bebé, que mi segundo parto había sido precipitado y que tenía contracciones fuertes cada 2 minutos. Justo en ese momento me dio otra más. ¿Se habrían acelerado por el movimiento o de haberme quedado en casa habría pasado igual?

Eran las 7:51 de la tarde cuando crucé la puerta del hospital y después de esperar apenas unos minutos me subieron a paritorio. Subí por mi propio pie. No quería sentarme bajo ningún concepto.

Me apoyé en la pared del pasillo en medio de una contracción y al acabar se cruzó con nosotros una ex compañera de trabajo y amiga. No me había reconocido y aunque estaba adolorida, aún tenía energía suficiente para bromear. Nos habíamos encontrado con "la vecina del perrito" y ahora con ella. Exactamente igual que el día que nació mi segundo bebé. Ya si que sí, tenía que ser el día.

Tercer parto: Exploración y monitores

Llegué a paritorio alrededor de las 8 de la tarde y tras unos cuantos minutos en la sala de espera me hicieron el primer y único tacto. Estaba dilatada de apenas 1cm. Eso significaba que en realidad no estaba de parto todavía, pero a mi me dio una alegría enorme porque en mis otros partos después de varios días de contracciones ni siquiera se había comenzado a borrar el cuello del útero.

Barajaban mandarme a casa, pero al ser el tercer bebé y tener antecedentes de parto precipitado prefirieron ser cautos y esperar a decidir en función del resultado de los monitores.

Entraría a "correas" sobre las 8:15 y la cosa empezó a ir a más. Con cada contracción sentía que me ahogaba y sólo acertaba a decir "aire". Mi marido me abanicaba como podía para ayudarme a respirar y yo no podía creer que en cuestión de media hora se hubiese acelerado tanto. Sin embargo, el monitor apenas marcaba intensidad y pensamos que no estaba midiendo bien así que llamamos a las matronas. En ese momento entró una pareja de primerizos y debieron de verme muy mal porque el hombre palideció. Junto a ellos iban un par de matronas y de forma inconsciente me salió un "tengo ganas de empujar". Me miraron sorprendidas y decidieron pasarme a paritorios inmediatamente.

La casualidad quiso que el único paritorio libre fuese el mismo en que nació mi hijo apenas tres años antes. Y también que apareciese una tercera matrona, Elena, a quién reconocí y llamé al pasar a su lado y que justo en ese instante decidió que ella sería quién nos acompañaría. A ella la conocí trabajando mucho antes de estar embarazada, fue ella quién me dio fuerzas en mi primer parto cuando llegué a la sala de dilatación y quién me recibió en la falsa alarma de mi segundo parto. Tenía que ser ella la que "cerrase el círculo".

Tercer parto: Paritorio

Entre a paritorio a las 8:50 aproximadamente. Seguía con contracciones constantes, sin apenas descanso ente ellas, y empezaba a flaquear.

Siguiendo mi plan de parto me facilitaron una colchoneta y una silla de parto. Sin embargo, no fui capaz de mantenerme sentada en ella. El dolor era demasiado fuerte. Como pude bajé y acabé en cuadrupedia sobre la colchoneta apoyada en una pelota de pilates. Así me sentía mejor. Tenía gas Entonox, pero no me servía de nada y acabé tirando la boquilla. Estaba empezando a sentirme fuera de control y, aunque mi segundo parto fue sin analgesia epidural y después de vivirlo tenía clarísimo que no la quería, acabé pidiéndola en un momento de desesperación.

Elena, la matrona, me miraba incrédula. Conocía mis antecedentes, mi plan de parto y supongo que sabía mejor que yo que el final estaba ya demasiado cerca. Yo la miraba con incredulidad a ella. ¿Sería posible que no estuviese haciendo nada? En lo que para mi fue una eternidad no podía dejar de pensar en que por qué no me hacía caso y por qué no llamaba al anestesiólogo.

De repente sentí una sensación urgente de orinar, aunque no era capaz de hacerlo, y mi cuerpo me pidió que me doblase hacía delante sobre mí misma. En ese momento ella me propuso hacerme un tacto para ver cómo iba: Si estaba "verde" me traería el consentimiento informado y me pondría una vía. Si estábamos cerca del expulsivo seguramente me sintiese más relajada al ver la luz al final del túnel. Sigo pensando que ella sabía que el nacimiento era inminente.

Recuerdo decirle que no, que no quería tumbarme para que lo comprobase y ella muy dulcemente me dijo que no era necesario, que ya se las apañaría para molestarme lo menos posible. En ese instante llegó una fuerte contracción e inconscientemente eché mi mano ¡Está aquí! ¡Estoy palpando su cabecita!

Tercer parto: El momento de la verdad

De repente mucho movimiento a mi alrededor, mientras mil pensamientos se amontonaron en mi mente en ese instante. Ya está aquí. No hay vuelta atrás. No he roto aguas. Esta vez no he notado como descendía, ni el aro de fuego. Ahora entiendo la intensidad del dolor... En ese instante chof. Un chorro de agua tibia recorrió mi mano y me sacó de mis pensamientos.

Inconscientemente yo apretaba sobre mi vulva mientras mientras trataba de relajarme y me decía a mi misma: "Deja que salga, relájate, tienes que acompañar a tu bebé, déjale salir". Me contesté a mi misma un: "¡Es que no consigo relajarme!" que salió alto y claro por mi boca y al que Elena respondió con una sonrisa y un "cariño, estás de parto, es normal. Lo estás haciendo muy bien".

Un par de contracciones más y la cabeza estaba fuera. De nuevo sentí en mi mano un chorro de líquido caliente. Esperaba ansiosa ese momento de paz entre que sale la cabeza y comienzan a salir los hombros, lo necesitaba para reponer fuerzas, pero en su lugar me encontré con que ella pedía a la auxiliar el ecógrafo portátil y hacía presión hacia mi periné. Algo no debía ir bien, pero en ese momento no era consciente. Solo quería que dejara de hacer eso. Necesitaba sentir esa ansiada calma, así que como pude supliqué que dejaran de hacer eso.

Al parecer mi bebé venía con varias vueltas de cordón que, aunque le habían permitido rotar correctamente, le estaban impidiendo terminar de nacer. Como me explicó mi marido después, Elena trató de deshacer el nudo como pudo -y eso era lo que yo notaba-, pero ante la imposibilidad de hacerlo decidió cortar el cordón. En la siguiente contracción mi bebé ya estaba fuera.

Habrá quién diga que un tanto por ciento importante de bebés nacen con vueltas de cordón y que cortarlo antes de tiempo incrementa los riesgos. No lo sé. Personalmente hubiese preferido que mi bebé se beneficiase del pinzamiento tardío -que de hecho se hace por protocolo en ese hospital- como sus hermanos, pero imagino que en ese momento ella pensó que era la mejor opción.

Tercer parto: Descubrir el sexo del bebé en el parto

21:35: ¡Es una niña! Descubrir el sexo de tu bebé el día del parto es algo muy especial, aunque en el fondo yo presentía que sería una niña.

Me la dieron al instante y mi primera reacción fue de miedo. No llora. Está respirando? Y como si fuese consciente de mis sentimientos empezó a hacer ruiditos y yo volví a respirar.

Elena me miró: ¿Ya sabemos cómo se va a llamar?
- Amanda. Miré a mi marido: Amanda? AMANDA.

Como en todo parto sin analgesia epidural las hormonas continuaron haciendo su trabajo y con la niña en mis brazos ya todo era calma. Nadie diría que acababa de parir, que llevaba varios días con contracciones intermitentes y tenía un desgarro de grado III B. Me sentía eufórica, llena de energía y totalmente enamorada de mi bebé.

El alumbramiento fue rápido. No tenía previsto utilizar oxitocina profiláctica, pero como el desgarro había sido importante la acepté.

Tercer parto: Las primeras horas

Las siguientes horas las pasamos piel con piel en el propio paritorio. Se enganchó al pecho tan rápido que hasta la doctora que vino a coserme se sorprendió. Esta vez con el gas Entonox fue suficiente. ¡Me libré de la vía!

Ya era tarde, así que pudimos disfrutar de esa noche en soledad. Al día siguiente era el día de la madre. El primero como mamá de tres, el primero como familia numerosa. Es curioso, pero por primera vez tuve la sensación que aún me acompaña hoy de "ya está, por fin estamos todos".

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