Mamá, deja el móvil

17.1.19 / No hay comentarios

Enero es el mes de los propósitos para el año nuevo, pero no te preocupes que no voy a publicar el típico listado de propósitos que sé que no voy a cumplir. En 2019 quiero ser realista y me voy a centrar en uno solo: Pasar más tiempo con mis hijos y menos con el móvil.

mamá deja el móvil

Mamá, deja el móvil

No sé si realmente paso mucho tiempo con el teléfono en la mano. Supongo que la respuesta depende de con quién me compare, pero la realidad es que para mis hijos es demasiado. No era consciente de este hecho hasta que durante las fiestas dejé aparcado el smartphone.

Durante estos días he sido más consciente de que los niños crecen a pasos agigantados y que muchas veces sienten que estamos a su lado, pero que en realidad no estamos. Sin embargo, la gota que colmó el vaso fue cuando esta semana al retomar la rutina mi hija hizo un comentario al respecto. Me hizo despertar.

Por suerte, también al principio de la semana -ya podía haber sido antes de que viniesen los Reyes Magos- mi móvil decidió que no se quería encender. Así que, hasta que llegue mi nueva batería samsung -la anterior empezaba a fallar y no quiero cambiar aún de terminal- estaré de desintoxicación forzosa.

Después tengo intención de utilizar el smartphone solo lo imprescindible. Esto es, solo para trabajar o en caso de emergencia y solo fuera de casa.

Quién me ha visto y quién me ve

Cuando conocí a mi ahora marido no hacía demasiado caso al teléfono. Ya se sabe, "en casa del herrero, cuchillo de palo". No sé si tendrá algo que ver que estudiase Telecomunicaciones, pero la realidad es que veía el teléfono móvil como una herramienta y me enfadaba sobremanera el hecho de tener que estar localizada el 100% del tiempo. De hecho, llegó un punto en el que si alguien quería hablar conmigo y era urgente, me localizaban a través de él.

Hubo otro tiempo en el que intentaba no usar el móvil -y por tanto las redes sociales ya que accedo a través de él- cuando estaba mi hija delante salvo necesidad real. ¡Hay que dar ejemplo! y bastantes pantallas tendrá que mirar quiera o no a lo largo de su vida... Pero entonces me convertí en bimadre, el trabajo se duplicó y el tiempo quedó reducido enormemente.

Al final acababa trabajando desde el móvil mientras trataba de dormir al peque en el fular o le daba el pecho. Pensaba que ganaba tiempo, pero ahora me doy cuenta de que en realidad lo perdía. Un tiempo precioso que no volverá porque él solo será niño una vez.

A veces es complicado separarme del smartphone o que la percepción de mis hijos sobre el tema cambie teniendo en cuenta que soy autónoma y que el peque está conmigo las 24h del día. Pero también es cierto que la gran parte del tiempo que estoy usando el terminal en realidad no estoy trabajando. Trabajo u ocio, para ellos es lo mismo. Al final lo que ven es a su mamá mirando una pantalla.

¿Realmente necesito el móvil todo el tiempo?

Hay muchos momentos en los que podría dejarlo en un cajón y, sin embargo, no consigo separarme de él.
Por ejemplo,  cuando intento no dormirme mientras los duermo a ellos y me paso el rato ojeando imágenes en Instagram, jugando al Candy Crush o leyendo comentarios en grupos de Facebook. O cuando en vez de cantar una canción, inventarme un cuento o leerlo de un libro, pongo música o leo la historia de antes de dormir desde alguna app.

Lo peor es que sé que no soy la única. Es más diría que a casi todas las madres nos pasa lo mismo porque si en alguno de esos momentos envío un mensaje, al instante tengo respuesta de mi interlocutora que también está durmiendo a los niños.

Pero esto no es algo exclusivo de madres. En la calle, el transporte público, hasta en el coche, todo el mundo va con el móvil en la mano enganchado a las redes sociales. Ya ni siquiera nos llamamos, limitamos todo a cuatro frases mal escritas a través de la app de mensajería o la red social de moda. Como mucho mandamos un audio que en muchos casos ni siquiera se llegará a escuchar por la acumulación de mensajes pendientes.

Las redes nos absorben y no nos damos cuenta. Pero tampoco es que haya que demonizar al mensajero -como te decía, los móviles tan solo son la herramienta- porque esa posibilidad de localización y esa inmediatez que ofrecen nos aporta muchos beneficios y en ocasiones pueden salvarlos -literalmente- la vida. Pero, ¿cómo conseguir el equilibrio?

Puedes empezar por hacerte un favor -y hacérselo a tus hijos-. Apaga las pantallas. Abrázalos, bésalos, acarícialos, escúchalos y no tengas miedo de quedarte dormida con ellos entre tus brazos. Cuando despiertes las redes sociales seguirán ahí.

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