Crónica de mi parto (punto de vista del papá)

15.7.13 / 4 comentarios

Después de escribir las partes I y II de la crónica de mi parto, le pedí a Marido que escribiese una entrada con sus sensaciones y sentimientos del día que nació Miss L. Al principio se mostró un poco reacio porque era la primera vez que escribía en un blog, pero al final se animó y éste ha sido el resultado:


crónica de mi parto. Punto de vista del papá


Crónica de mi parto: Punto de vista del papá

"Es difícil determinar cuando se desencadenó el parto (nosotros los padres vivimos todo el embarazo por vuestras sensaciones) pero digamos que fue con las "contracciones molestas" porque durante los últimos meses había tenido contracciones que "no dolían" aunque esas molestias eran menores que las de algunas reglas (siete sobre diez), con lo que lo único que podía hacer para saber si eran o no de parto era ver si eran regulares o no. Me preocupaba que dado que su madre había tenido sus dos partos muy rápidos (menos de 3 horas) y como el dolor es subjetivo, que realmente estuviera de parto y se complicaran las cosas.

Después de algunas visitas al hospital pensando que podía estar de parto porque eran contracciones dolorosas que no cesaban y regulares (lo que nos dicen a todos) finalmente se produjo la rotura de la bolsa. Nos pilló en casa, siete de la mañana, muy cansados por la noche tan agitada que habíamos tenido. Acababa de enviar un mensaje al trabajo para pedir el día (en esas circunstancias no iba a dejar a mi mujer sola) y de repente veo que salta del sofá donde estaba tumbada a mi lado, y me dice que había roto la bolsa. Después de preguntarle si estaba segura, me dijo que si, que había notado como si se explotara un globo dentro y que caía agua. De camino al hospital se lo volví a preguntar, porque veía que nos mandaban de nuevo a casa. Al llegar, después de las oportunas comprobaciones nos dijeron que efectivamente se había roto la bolsa pero que no parecían teñidas (nos había parecido en casa pero no sabíamos si estaban mezcladas con restos del tapón) y que nos asignaban una habitación.

Durante la dilatación, lo único que sentía era impotencia, no es fácil tener al lado a quien más quieres sufriendo y no poder hacer nada. Recuerdo perfectamente como se doblaba y temblaba como se apoyaba en mí, como utilizaba la pelota de pilates o como se daba duchas de agua caliente y nada le calmaba. Las contracciones eran más regulares y próximas, más agotadoras para ella y se lo comunicamos a las enfermeras que la transaladaron al paritorio para que terminara de dilatar.

Allí, las cosas seguían igual literalmente, nos dijeron que no había dilatado prácticamente nada después de 30 horas de contracciones y mi mujer estaba agotada psicológicamente. Ella siempre se había imaginada dando a luz en el agua, de forma natural, y ahora se debatía en si pedir la epidural o no. Le dije que si era capaz de aguantar más horas así, la respuesta fue no, y le dije que entonces adelante, que la pidiera, que me sentía muy orgulloso de lo valiente que había sido, que había llegado a su límite y que poca gente era capaz ni siquiera de planteárselo.

Junto con la anestesia le inyectaron también buscapina como relajante muscular porque tenía el cuerpo tan tenso por el esfuerzo que las contracciones que estaba teniendo no conseguían dilatación. Hasta aquí se me pasó en el tiempo volando, desde entonces se me hizo muy pesado, el tiempo pasó muy lento, ella ahora estaba relajada y yo cansado por todo la tensión acumulada. A la hora, más o menos, le pusieron oxitocina porque la epidural había parado todo y, después de varias horas, finalmente llegó el momento de empujar.

Como durante todo el parto, tomó las riendas y les dijo a las matronas que prefería empujar de lado, y vaya que si lo hizo porque nos dijeron que esa fase solía durar 3 o 4 horas pero ella en una lo hizo y porque las contracciones estaban empezado a separarse de nuevo. Fue extraño ver como iba asomando la cabeza, como avanzaba y retrocedía como olas, pero al fin salió Miss L. No había terminado de salir y demostró su caracter, su llanto hizo que la doctora que vino a examinar si la peque estaba bien (porque finalmente la aguas sí estaban teñidas) saliera del paritorio.

La primera vez que la ví no me lo creía, me la había imaginado de muchas formas pero no así. Tenía el corazón en un puño porque no paró de llorar durante los 65 minutos que tardó en engancharse al pecho y mamar.

Cuando el cordón dejó de latir, lo corté. Seguía en trance y a fecha de hoy aún sigo. Ellas seguro que han olvidado parcialmente lo que pasó, porque el cuerpo mediante hormonas lo "borra" pero yo lo recuerdo todo perfectamente.

Pasados los días le dije a mi mujer una cosa, que admiraba su determinación para llegar a su límite físico y psicológico queriendo que el parto fuese lo más natural posible, sacrificándose por lo que creía mejor para la peque, pero aún más que no lo transformara en terquedad y que pidiera epidural cuando no pudo más. Sirvan estas líneas como reconocimiento a su esfuerzo."

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4 comentarios

  1. Aquí estoy con las lagrimillas a todo correr, ¡vaya preciosidad de relato!

    Desde luego, creo que es la primera vez que leo el relato de un parto desde la visión del padre.

    Felicitaciones a los 3 por estar ya juntitos. Besos

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  2. Que bonitas palabras y qué bonita la experiencia desde el punto de vista del papá. Me ha encantado, sin duda alguna, una de las mejores entradas (junto con tu propio relato del parto) que has publicado ultimamente!

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  3. ¡me alegro de que el papá se haya atrevido a contar su experiencia! Porque la verdad es que las opiniones masculinas suelen escasear por los blogs y al menos a mí me gustan también saber cómo vive esta experiencia la otra parte interesada.

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  4. ¡Es hermoso!

    No me puedo imaginar los nervios y la tensión por la que ellos pasan, pero este relato lo pone todo de manifiesto y es emocionante y tierno.

    Me he quedado sin palabras.

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