Lo que en realidad importa

7.10.12 / 10 comentarios

Aprovechando que no puedo dormir quiero escribir ésta entrada para ponerte al día. Si me sigues en twitter habrás sido más participe de mis comentarios de hastío, pero si solo me lees por el blog, bien no sabrás de qué estoy hablando, bien te habrá pillado por sorpresa.


tiempo de cambio - lo que en realidad importa


Yo soy ingeniero, me quedé en paro hace años con la excusa de los recortes necesarios por la crisis (una crisis que en realidad aún no había empezado...) y cómo soy un culo inquieto me dio por estudiar otra cosa.

Empecé a estudiar algo que para mi tenía que ver con lo que ya tenía, al menos en parte, que podía complementarlo y que me hacía sentirme bien porque pensaba emplearlo como pasarela para lo que realmente quería hacer. Al final, llegué a la conclusión de que la nueva ley hacía que mi pasarela se tambalease, que necesitase el doble de dedicación, esfuerzo y tiempo para conseguir lo que yo quería (si es que lo conseguía) y que iba a tener que dejar muchas cosas por el camino, entre ellas mi incipiente familia.

Siempre he sido de las que piensan que se vive para trabajar y puestos a dejar algo por el camino no iba a ser mi deseo de ser madré. Así que, como quién no quiere la cosa, renuncié al sueño de mi vida por mi familia, por casarme con el hombre de mi vida y por tener, más pronto que tarde, un hijo con él. Y renuncié feliz, sabiendo que, en realidad, no renunciaba ni me rendía, que estaba eligiendo un nuevo camino, mi camino, mucho más amplio, "soleado" y mejor.

Y casi paralelamente apareció una señal que hacía que todo cuadrase, indicándome que estaba haciendo lo correcto. ¡Después de dos años de búsqueda, aparecía un trabajo! Estaba relacionado con esos estudios que cursé mientras estaba parada y en los que nunca pensé como posibilidad laboral real. Al lado de mi casa, a literalmente cinco munitos, un proyecto nuevo para iniciarlo con un equipo juntos, desde cero. ¡¡pintaba muy bien!! Además yo seguía sin encontrar nada de "lo mio".

A grandes rasgos: Al principio fue duro, por los inicios, por mi falta de experiencia y porque teníamos que sacar adelante algo sin conocernos de nada. Aún no eramos un equipo. Año y pico después aún no lo somos...

A la desorganización lógica inicial, le siguió más desorganización, a mi forma de trabajar en despachos de ingeniería le siguieron días de patio de recreo y falta de compañerismo y al tiempo social y familiar le siguió soledad, más soledad, desvelos y lágrimas. En parte por la falta de personal y el exceso de trabajo, en parte debido a los turnos rotativos y a los pocos días libres (5 fines de semana completos desde enero, ningún puente, y dos meses de turno de noche) y a la desorganización a la hora de distribuirlos y comunicarlos y en parte a algunos "compañeros" que se dedicaron a bailar el agua al que tenía que distribuir los turnos en vez de trabajar y hacer piña con el resto. Consiguieron  que lo que al principio pintaba muy bien al final me sumiera en una depresión que no hacía más que incrementarse mes a mes. ¡¡¡y encima nunca llegaba nuestro positivo!!!

Al final, de ser una persona hiperactiva que no paraba de sonreir me había convertido en alguien triste, serio, que iba de casa al trabajo y del trabajo a la cama. Que no quería saber nada de nada ni de nadie, sin esperanzas, sin metas, sin ilusiones. A la que le daba todo exactamente igual y, aquella que había dejado todo por su pequeña familia la estaba perdiendo con discusiones y más discusiones el poco tiempo que coincidía con ella.  Así que al fin, una mañana a la vuelta de trabajo y en medio de un ataque de nervios, mi marido me abrazo, me miro a los ojos y me dijo lo que me había dicho mil veces y yo no había querido escuchar: "hasta aquí, no te estas rindiendo, pero no puedes más. Lo primero eres tú, y ningún sueldo puede pagar tu sonrisa, así que llama y di que lo dejas" y entre sollozos hable con mi jefa, le conté todo lo que sentía, se sorprendió y me dio la razón a todo porque ella también se había dado cuenta y aquí estoy: en periodo de cambio y de adaptación. Buscando ya mil cosas que hacer para actualizarme, descansar, tener mi casa como merece y recuperar con mi marido todo lo que nos hemos perdido estos meses y deseando, más que nunca, nuestro positivo.

Que encuentre trabajo pronto, tarde o nunca, no lo sé, pero tras las dudas iniciales se que he hecho bien, que hemos hecho bien. Me duele, por haber tardado tanto en darme cuenta, porque me estaba engañando pensando que hacía lo mejor para los dos ahorrando para cuando llegase un tercero, cuando en realidad debería haber hecho lo que hice la otra vez y elegir a mi familia en vez de un trabajo que me quitaba la salud (que me interesaba más bien poco comparado con mi sueño de siempre que no me costó dejar). Pero a la vez me siento liberada y muy feliz porque aunque algo tarde he sabido reconocer lo que de verdad importa.

Ya que parece que me han dado cuerda, quiero aprovechar para pedir perdón y dar las gracias. Perdón por si en algún momento te has llevado una mala cara o contestación, lo siento de verdad, no era yo... y GRACIAS a todos, a mi marido por ser cómo es (nunca podré agradecerte lo que haces por mi cada día...) y a ti por leerme, por mandarme "ooooooooommm" y ánimos sin ni siquiera conocerme cuando me quejaba del trabajo, por identificarte conmigo en mi búsqueda y en mi día a día. De verdad, mil gracias de corazón!!


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